LA ACTUALIDAD DE LA EMPRESA FAMILIAR

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El relevo generacional: la prueba de fuego de una familia empresaria

Feb 7, 2018 | Área Empresas, Protocolo Familiar

“Paco, yo moriré con las botas puestas…”  Me decía hace unos años un propietario de pequeña empresa familiar de 63 años en presencia de tres de sus cuatro hijos. Su hija y su hijo mayor, que tenían puestos de administrativos en la empresa, sonreían despreocupados ante la expresión aparentemente socarrona de su padre. El tercero, que era su “mano derecha” y tenía cierta preparación, no sonreía tanto. El cuarto, que tenía un puesto de operario, no había podido venir, estaba en el gimnasio…

Una pequeña empresa familiar, no diré de éxito, pero sí con cierta estabilidad y con posibilidades. Este señor había oído hablar y quería un “protocolo” para dejar las cosas “atadas y preparadas”, para estar “tranquilo”. Al salir de la reunión el hijo que no sonreía, me abordó y con una expresión de mucha tristeza que me conmovió, me contó que tenía prácticamente decidido marcharse de la empresa. Tenía avanzado un proyecto de negocio para emprender con unos compañeros de un curso, pero no sabía cómo decírselo a su padre.

Sin duda uno de los momentos o periodos más críticos para una empresa familiar, del tamaño que sea, es:

El relevo generacional o sucesión

Y sin embargo, no es habitual encontrar pequeños empresarios familiares que hayan preparado su relevo con la suficiente anticipación. El paso del tiempo y la naturaleza son implacables y aunque algunos parecen ignorarlo, al final llega el punto en el que tenemos que soltar las riendas y pasar el relevo del proyecto familiar. Y es precisamente durante esta transición cuando se producen las mayores tensiones que son causas de conflictos y mortandad entre las empresas familiares. ¿Por qué?

Las razones son variadas. Además, se suelen producir de manera simultánea y acumular sus efectos, por eso suelen ser tan devastadores:

  • Diferencias en la manera de entender la dirección y el futuro de la empresa.
  • Luchas de poder entre los sucesores.
  • Falta de preparación de los sucesores.
  • Falta de liderazgo.
  • El envejecimiento de la organización.
  • Fuga de talento.
  • Maduración del negocio.
  • Incorporación de la siguiente generación a la empresa de manera no planificada.
  • La resistencia a retirarse del fundador.
  • … Y otras

Prácticamente, podríamos decir que hay dos tipos de causas:

  1. Las derivadas del natural devenir del tiempo.
  2. Las derivadas de la falta de anticipación y planificación.

Poco podemos hacer para evitar las primeras, que más que causas son datos del problema. El paso del tiempo y sus consecuencias son más que conocidas, y nadie puede llevarse a engaño. Sin embargo, son muy numerosos los casos en los que nos encontramos con familias que han dejado pasar el tiempo como si las personas fueran inmortales o inmunes a la pérdida de capacidad. Porque no es solo la muerte la que nos detiene, sino que, a determinada edad, la habilidad, la capacidad y la inspiración para asumir iniciativas y riesgos, para liderar un equipo o para ejecutar proyectos va decayendo inevitablemente. No asumirlo o ignorarlo acaba por castigar a la empresa y a la familia. Por supuesto que a esas edades se sigue teniendo mucha capacidad, pero para hacer otras cosas y de otra manera.

Está claro, no podemos luchar contra el paso del tiempo. Pero sí podemos prepararnos para lo inevitable. Y eso sí que está en nuestras manos. Anticiparnos y planificar sobre lo que es una certeza no es solo una posibilidad, es más una obligación y una responsabilidad para quien tiene en sus manos parte del futuro de sus descendientes.

Cuando una familia empresaria entra en crisis durante un proceso de relevo generacional por no haberse preparado para ello, se pone en riesgo la continuidad de la empresa, la unidad de la familia y en definitiva el bienestar y el futuro de las generaciones siguientes. Y no es una situación fortuita, es una situación provocada por la indolencia, la inacción y la omisión de la persona o personas que tenían la responsabilidad de tomar las medidas oportunas en el momento adecuado.

Y la ignorancia no es una excusa, y mucho menos para personas que llevan toda una vida resolviendo problemas y afrontando proyectos. Un empresario familiar no puede permitirse el lujo de no levantar la cabeza y pensar a largo plazo. Tiene una responsabilidad con las generaciones siguientes. Cómo mínimo, tiene la responsabilidad y la obligación de no generar un problema de desunión, conflicto y precariedad entre sus hijos.

¿Qué hacer entonces?

Ningún plan puede garantizar al cien por cien que todo vaya a salir bien. Pero no hacer nada o hacerlo de manera improvisada SÍ es garantía de problemas.

¡Y cuidado! Lo que puede servir en unos casos, puede ser veneno para otros. No hay una solución ni un plan universal, ni ningún documento que al firmarlo obre el milagro de la salvación. Esta trampa es peor aún que la inacción. La solución fácil y rápida, que nos deja la conciencia más o menos tranquila, pero al final acaba por no valer e incluso ser peor el remedio que la enfermedad.

Concretando:

Lo primero sería identificar mi situación particular, puesto que no hay dos casos iguales, y las medidas a aplicar van a depender de muchas variables que hay que analizar y que repasaremos en un próximo post. Necesitamos mirar de frente a la realidad en toda su magnitud y desnudez.

Después, con las ideas claras y la mente despejada, trazar una hoja de ruta inicial, adaptada y consensuada para cada caso, para que el relevo se produzca de la manera más controlada y orientada posible.

Ingredientes: Mucho diálogo, mucha verdad, mucha justicia, mucho cariño, mucho perdón, mucho sentido común, y mucha ilusión.

Por último, empezar a poner en práctica el plan con tiempo suficiente para descubrir nuevas realidades, tomar y cambiar decisiones, cometer pequeños errores (inevitables pero manejables), tratar de corregirlos poco a poco e ir modificando ese plan con todo este aprendizaje.

Todo esto no lo puede hacer un documento o protocolo firmado, diga lo que diga y lo firme quién lo firme. Habrá que hacerlo en su momento, será un recurso, una herramienta más, un soporte, un recordatorio, una referencia, pero no es la solución ni la clave. Aun así, lo cierto es que nos gusta pensar que existen las varitas mágicas y los milagros de hoy para mañana.

La solución es buscar ayuda y dejarse ayudar de verdad. Tomar conciencia de mi realidad familiar, empresarial y patrimonial, anticiparse a lo que ha de venir, trazar y consensuar un plan ordenado y trabajarlo duro día a día con tiempo suficiente. Y si fuera necesario, volver a empezar.

Nada es tan potente y da tanta plenitud como una familia empresaria que ha sabido ponerse de acuerdo y organizarse para el futuro con tiempo suficiente.

Es como plantar un árbol, cuidarlo, verlo crecer y recoger sus frutos. Requiere su tiempo. Lo de las habichuelas mágicas era un cuento de Andersen, ¿no?

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