Para vencer a un enemigo no hay que buscar la derrota de sus fuerzas, sino derrotar su estrategia. Sun Tzu
Las empresas familiares poseen características propias que las distinguen del resto de las organizaciones.
En los últimos años, han sido reconocidas tanto por su peso económico, son el modelo de negocio predominante en muchas regiones, como por su singular capacidad para combinar la eficiencia empresarial con la preservación de la unidad familiar.
Esta doble exigencia exige habilidades de liderazgo específicas, entre ellas, una menos visible pero determinante: la paciencia.
Lejos de asociarse únicamente al plano emocional, la paciencia puede entenderse como una herramienta estratégica de primer nivel. En entornos donde los vínculos personales influyen directamente en la toma de decisiones, saber gestionar los tiempos (cuándo esperar, cuándo actuar, cuándo intervenir y cuándo dejar espacio) se convierte en una competencia fundamental.
Pensar a largo plazo: una ventaja… con condiciones
Las empresas familiares, al no depender en muchos casos de accionistas externos, pueden adoptar una visión menos cortoplacista. Esta ventaja permite invertir en capital humano, en las relaciones de confianza y en proyectos que requieren maduración. La paciencia, en este sentido, forma parte de una cultura empresarial que valora la sostenibilidad por encima de los resultados inmediatos.
Pero esa capacidad de espera puede volverse en contra si no va acompañada de criterios claros. Porque esperar por prudencia no es lo mismo que demorar por miedo. En la práctica, hemos observado que muchas decisiones clave, como reestructurar un equipo, cerrar un área ineficiente o preparar un relevo generacional, se posponen en nombre de la paciencia… cuando en realidad lo que hay es una resistencia emocional al cambio.
La sucesión no se improvisa, se planifica (con paciencia y rigor)
Uno de los terrenos donde más se pone a prueba la paciencia estratégica es el relevo generacional. Preparar a quien viene requiere tiempo, sí. Pero también requiere dirección, formación, acompañamiento y espacios reales de participación.
Cuando el traspaso de funciones se eterniza, se produce una disonancia: los fundadores sienten que aún no pueden soltar, mientras que la siguiente generación empieza a desconectarse o a buscar alternativas fuera.
En estos casos, la paciencia mal entendida puede comprometer la continuidad del proyecto familiar.
Desde Japón Matarí insistimos en la necesidad de establecer planes de sucesión estructurados, con cronogramas, responsabilidades progresivas y objetivos comunes. No para “forzar” un cambio, sino para que ese cambio se dé de forma ordenada, evitando tensiones innecesarias.
Los conflictos no se resuelven solo con tiempo
Otro ámbito en el que muchas veces se apela a la paciencia es la gestión de conflictos familiares o profesionales. Se tiende a creer que, con el tiempo, las posiciones se suavizarán y las relaciones se restablecerán. Pero no siempre es así. Cuando un conflicto se deja madurar sin herramientas, lo habitual no es que desaparezca, sino que se enquiste.
La paciencia, en este contexto, debe entenderse como capacidad de escuchar, de conceder espacios, de evitar decisiones precipitadas. Pero si no hay una intervención clara, si no se toman medidas para abordar los malentendidos o redistribuir funciones, el conflicto se convierte en una constante silenciosa que desgasta la organización.
¿Cómo saber si estamos ejerciendo paciencia o postergando decisiones?
No hay una fórmula universal, pero sí algunos síntomas claros:
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Se prolongan decisiones que ya han sido analizadas pero no se ejecutan.
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Los equipos empiezan a actuar con incertidumbre por falta de directrices.
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El ambiente se resiente, y aparecen signos de desmotivación o desconfianza.
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Se justifica la inacción en nombre de la prudencia o el consenso.
La paciencia estratégica requiere límites.
Gestionar los tiempos también es gobernar
En la empresa familiar, el tiempo no es un recurso neutro. Está lleno de expectativas, emociones, lealtades y temores. Por eso, liderar una empresa familiar exige también saber liderar los tiempos.
Ser paciente no es dejar pasar. Es decidir cuándo conviene intervenir y cuándo conviene observar. Es anticipar en lugar de improvisar. Es saber que no todas las decisiones deben tomarse ya, pero que ninguna puede aplazarse indefinidamente.
Desde Japón Matarí acompañamos a familias empresarias en este tipo de decisiones estratégicas. Porque la paciencia, cuando se ejercita con método y propósito, deja de ser una espera para convertirse en una forma sólida y madura de gobernar.
Fuentes:
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https://www.researchgate.net/publication/321582431_La_empresa_familiar_y_su_importancia_en_la_investigacion
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https://vorecol.com/es/index