En las empresas familiares de segunda y tercera generación, la continuidad del negocio no siempre se ve comprometida por factores externos como el mercado o la competencia. El verdadero riesgo puede aparecer cuando empresa y familia continúan funcionando bajo un mismo marco de decisiones, a pesar de que el proyecto empresarial ha ganado complejidad, dimensión y responsabilidades.
La experiencia en consultoría de empresa familiar muestra de forma consistente que la continuidad no depende únicamente del liderazgo o del compromiso de la familia propietaria, sino de su capacidad para separar correctamente los ámbitos de familia, propiedad y empresa a través de una gobernanza adecuada.
Empresa familiar en segunda y tercera generación: una complejidad creciente
Mientras que en la primera generación la figura del fundador concentra la propiedad, la gestión y la toma de decisiones, en las siguientes generaciones esta coincidencia deja de existir. Aparecen distintos grados de implicación, trayectorias profesionales diversas y expectativas que no siempre coinciden respecto al futuro del negocio. Cuando esta realidad no se acompaña de una estructura de gobierno adaptada, la empresa comienza a mostrar tensiones internas que afectan a la calidad de las decisiones y a la cohesión del proyecto.
La gobernanza deja de ser una cuestión formal para convertirse en un elemento estructural que condiciona la sostenibilidad del negocio a medio y largo plazo.
Separar empresa y familia: decisión estratégica
Separar empresa y familia no significa distanciarse ni perder identidad. Significa reconocer que cada ámbito responde a lógicas distintas y que solo cuando se respetan esas diferencias es posible tomar decisiones con criterio empresarial sin estropear las relaciones familiares.
Cuando esta separación no existe, las decisiones estratégicas tienden a verse influidas por dinámicas emocionales, jerarquías informales o acuerdos implícitos que funcionan mientras la empresa es pequeña, pero que se vuelven frágiles a medida que el negocio crece y se profesionaliza.
La gobernanza: un sistema que ordena y da estabilidad
En empresas familiares de segunda y tercera generación, la gobernanza no puede limitarse a un protocolo ni a un documento estático. Debe entenderse como un sistema vivo que estructura cómo se decide, quién decide y desde qué ámbito se toman las decisiones clave. Este sistema facilita la incorporación de nuevas generaciones y refuerza la legitimidad de los órganos de dirección.
Cuando la gobernanza funciona, la empresa gana en capacidad de adaptación sin renunciar a su carácter familia.
E-E-A-T aplicado a la gestión de la empresa familiar
Los principios E-E-A-T (Experience, Expertise, Authoritativeness, Trustworthiness), cada vez más relevantes en el entorno digital, tienen una aplicación directa también en la empresa familiar.
- La experiencia aporta valor cuando se traduce en criterios compartidos y estructuras claras, no cuando se apoya exclusivamente en la trayectoria personal de los miembros de la familia.
- La especialización resulta imprescindible para gestionar la complejidad que conlleva el gobierno de una empresa familiar avanzada.
- La autoridad se consolida cuando las decisiones emanan de órganos reconocidos y no de liderazgos informales.
- La confianza se refuerza cuando las reglas son claras, conocidas y se aplican de manera coherente.
Una gobernanza sólida permite alinear estos cuatro principios y convertir la trayectoria familiar en una ventaja competitiva sostenible.
Continuidad sin renunciar a la evolución
Asegurar la continuidad no implica inmovilizar la empresa ni proteger el statu quo. Implica crear un marco que permita evolucionar, incorporar talento, tomar decisiones estratégicas complejas y adaptarse al entorno sin poner en riesgo el proyecto común. Las empresas familiares que perduran son aquellas que entienden que la continuidad se gestiona de forma consciente y anticipada, no como una consecuencia automática del relevo generacional.







