La Alimentación es uno de los sectores que menos ha notado la crisis. Para las empresas de distribución de alimentos siempre ha habido un mercado donde acudir: colectividades, restauración, hoteles, empresas enfocadas al turismo, etc.

Por tanto, se trata de un sector donde en mayor o menor medida siempre hay demanda. La gente sigue saliendo a comer en su tiempo libre, los hoteles tienen ocupación (España es uno de los países con mayor entrada de turistas al año), o simplemente hay segmentos que han continuado necesitando los servicios de alimentación, como son las colectividades, colegios, hospitales, residencias…

¿Pero entonces por qué siguen muriendo las pymes de alimentación?

Más del 90% de estas empresas son empresas familiares, cuyo fundador en muchas ocasiones empezó desde abajo, vendiendo sus productos en un trastero o a los vecinos de su calle, y que ahora tiene una empresa que distribuye en varias provincias, y con más de mil puntos de venta.

Las características de este tipo de empresas son siempre muy similares: altos gastos fijos, márgenes muy cortos, departamentos críticos como la logística, y problemas de integración de las personas (hay departamentos muy diferenciados que de forma equivocada se consideran independientes unos de otros).

Por todo ello, algunas de las principales causas de las desapariciones de estas empresas son la morosidad, la falta de financiación, la desadaptación a los mercados, los gastos fijos, la competencia y por supuesto la sucesión.

De estas causas, hay algunas más controlables que otras, e incluso algunas se utilizan como excusa más que como causa, como es la morosidad por ejemplo. Ésta llega a ser una excusa cuando es el empresario quien provoca el problema por falta de gestión de cobros, o falta de organización y recursos para detectar estos clientes.

Y hay otras que son críticas como es una adecuada sucesión entre generaciones. En muchas ocasiones encontramos una primera generación que ha creado y ha hecho crecer el negocio, mientras la segunda generación ha estado viendo cómo esto pasa sin llegar a ser consciente de que algún día ellos tendrían que estar al frente de la empresa.

Cuando llega el momento del relevo generacional, nos damos cuenta que esta segunda generación no se ha formado para dirigir la empresa, ya que en la mayoría de los casos la única formación que han recibido solo ha ido orientada a las ventas. Y ahora, cuando tienen que dirigir la empresa y tomar decisiones en todas sus áreas, surgen problemas de organización interna de diversa índole. De esta forma, los pequeños márgenes se comienzan a resentir, se pierde el control de los departamentos más críticos  de la empresa y surgen enfrentamientos a nivel personal entre los nuevo dirigentes.

Tenemos un mercado con mucha demanda, pero a su vez con mucha competencia, en el que solo sobrevivirán los que se hayan sabido adaptar y se hayan preocupado de formar y mantener a sus generaciones venideras para que el cambio sea una continuación de la empresa y no un precipicio.

 

David Prada

Financiero & Comercial en Japón Matarí